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Inteligencia artificial - Un poco de historia y su uso para fines fraudulentos.


La “inteligencia artificial” es algo que está muy de moda últimamente, y prueba de ello es que encontramos referencias sobre inteligencia artificial desde casi cualquier disciplina incluyendo por supuesto la seguridad informática. Cuando pensamos en inteligencia artificial nos viene a la cabeza máquinas avanzadísimas que imitan a los humanos tanto en apariencia física como en comportamiento llegando incluso a superar las capacidades de éstos.


Sin embargo, la realidad de la inteligencia artificial actualmente persigue otras tareas como por ejemplo la clasificación automática de datos, la explotación de forma automática de grandes volúmenes de información, el reconocimiento de imágenes o reconocimiento del lenguaje natural que a pesar de representar logros muchas veces sorprendentes, quedan lejos de la ciencia ficción y de los humanoides inteligentes que vemos en las películas.

Fue ya el que conocemos como el padre del ordenador moderno y en cierta forma también precursor de lo que hoy conocemos como inteligencia artificial (Alan Turing) el que propuso en 1950 en un artículo en la revista Mind, las bases para identificar inteligencia en una máquina. A ésto se le conoce como el test de Turing y que básicamente consiste en un reto: se pone a una persona, sin avisarle, a chatear con una máquina y, si la persona no es capaz de distinguir si su interlocutor es humano o máquina, entonces se entiende que la maquina tiene en cierta forma un comportamiento inteligente. Esto motivó que las primeras aplicaciones relacionadas con la inteligencia artificial fueran precisamente robots de conversación en modo texto, los conocidos como chatbots. Las primeras propuestas datan de hace mucho tiempo como ELIZA (1966). Desde entonces ha llovido mucho y obviamente los chatbots han evolucionado hasta el punto que se han creado herramientas comerciales que se integran , por ejemplo, en páginas web para ayudar y solucionar dudas técnica rápidamente o como ayuda a la navegación. Un ejemplo de estos asistentes es el famoso clip de Microsoft Office o la cyber-dependienta de la tienda de muebles IKEA.

Como podemos ver buscando por internet, los chatbots son muy populares, existen multitud de ellos. Incluso existe un premio, el Loebner Prize, que año a año premia a los chatbots que mayor comportamiento humano tengan. Escribiendo estas líneas no puedo evitar referenciar algunos intentos fallidos de robots de conversación que propiciaron alguna divertida anécdota. Por ejemplo el Santa Claus que Microsoft puso en el msn-messeger las pasadas navidades y al que al final tuvo que "matar" por aprender a decir cosas que no debía, o también el orientador sexual para jóvenes del ministerio de sanidad que al final también fue desconectado porque más que orientar desorientaba.

Por último, desde este post no podíamos dejar pasar la oportunidad de hacer mención al uso de estas tecnologías por parte de los “chicos malos”. Una de las últimas producciones de los creadores de software malicioso rusos es el cyberlover, que no es más que un chatbot que actúa en los canales de ligue de los IRC y que intenta seducir a los usuarios conectados para intentar dirigirlos a supuestas páginas personales en las que en vez de encontrar fotos y otro tipo de contenidos prometidos conseguimos infectar nuestro equipo con código malicioso. En fin, otro motivo más para desconfiar de los interlocutores en los canales de IRC.

Guzmán Santafé
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