Todo ello representa un peligro para la disponibilidad de información y es por tanto un problema de seguridad. Desde muchos puntos vista la pérdida de información valiosa puede resultar crítica incluso para la supervivencia de entidades o de individuos.
Por ello, al terminar el artículo, planteábamos la pregunta de qué posibilidades existían para hacer frente a este problema.
Hasta donde he podido investigar, la solución más seria al respecto la da la Fundación del Largo Ahora (The Long Now Foundation). Una organización privada establecida en el año 01996 con intención de presentar una alternativa al tipo pensamiento actual, obsesionado con el “más rápido/más barato”, enfrentándolo a un pensamiento a largo plazo “más lento/mejor”. Su esperanza es fomentar la responsabilidad humana en el marco de los próximos 10.000 años. Por ese motivo, escriben los años con cinco dígitos, con un cero a la izquierda, de manera que psicológicamente el lector abra una ventana temporal mucho más amplia. Una manera sutil de decir que no estamos en el último año, sino en el comienzo de los muchos más que quedan por venir. Intentando actuar en escalas de tiempo más naturales.

Entre los varios proyectos de la organización, llama especialmente la atención el disco (duro) de Rosetta. Consiste en un disco de aproximadamente 7cm de radio, que puede almacenar hasta un máximo de 200.000 páginas en cada una de sus caras.
Las características del soporte (un disco de una aleación de níquel, dentro de un elegante diseño de acero inoxidable y vidrio magnificador) lo hacen resistente al agua, a las altas temperaturas y a las radiaciones electromagnéticas. El formato, diminutas imágenes grabadas sobre la superficie, es completamente analógico; es decir, independiente de cualquier tipo de codificación digital y, por tanto, legible por cualquier ser humano. Dibujos y letras. Muy pequeñas, pero letras al fin y al cabo.

Para su uso actual el tamaño de cada página grabada es bastante superior al mínimo soportable, por lo que están grabando unas 30.000 páginas por disco. Lo prefieren así para que pueda ser leído con un buen microscopio óptico (tecnología del siglo XVIII) antes que con uno electrónico (tecnología del siglo XX).
¿Y cuál es ese uso? Por el momento, salvaguardar aquellos lenguajes existentes y para los que existe riesgo real de desaparecer en los próximos 100 años (entre el 50 y el 90% de los idiomas actualmente hablados en la tierra). De ahí su nombre. En referencia a la inestimable piedra de Rosetta.
Tal vez sea inocente por mi parte, pero me pregunto si no tendrían cabida soluciones de este tipo dentro del mercado de seguridad de la información actual. ¿Existirían organizaciones interesadas en adquirir “discos duros de Rosetta” -aunque fueran de “baja gama”- para almacenar indefinidamente aquella información que sea lo suficientemente relevante?
En mi opinión, al menos los Estados deberían considerarlo para guardar registros de su historia. Y, ¿por qué no?, oficinas de patentes, bibliotecas, universidades, ¿tal vez particulares?… El mercado potencialmente interesado en algo así quizá sea mayor de lo que pueda parecer en un principio.
Quizás las compañías encargadas de ofrecer seguridad de la información podríamos comenzar a dar algún paso en esa dirección. Y es que, de las tres letras que identifican los componentes de la seguridad (recordemos: CIA Confidentiality, Integrity, Availability); puede que para garantizar la última, la más pequeña, quizá la clave esté en usar, irónicamente, letra pequeña. Muy pequeña.
Luis Tarrafeta
S21sec labs






















