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...y que dure.

Hace algún tiempo hablé en este blog sobre la inmensa cantidad de información que se genera, los problemas asociados a su conservación, y algunas interesantes iniciativas para solucionarlos.

Como decíamos entonces, no deja de ser paradójico que, a menudo, sean las propias medidas de seguridad las que impiden el acceso a la información. Recordemos que la accesibilidad es, junto con la confidencialidad y la integridad, uno de los tres pilares en las que se apoya la seguridad de la información.

Uno de estos casos es, visiblemente, aquel en el que se han encontrado los aparatos militares de los Estados Unidos y el Reino Unido. El conocimiento necesario para crear un material denominado "Fogbank", de importancia crítica para la cabeza del misil "Trident", se ha perdido. Al parecer, la naturaleza ultra-secreta del proyecto provocó que la información no se almacenara adecuadamente en ningún soporte físico más allá del cerebro de sus creadores. Y ya se sabe lo poco confiable que resulta las neuronas para estas cosas. Asociadas invariablemente a cuerpos humanos que se jubilan, cambiar de curro, olvidan detalles y hasta se mueren...

Por eso no faltan los defensores de los sistemas clásicos. Umberto Eco defiende el papel frente a otros medios y habla de cómo él ha podido acceder a libros milenarios que conservan su información a través de los siglos. No sé si Umberto es consciente de las limitaciones asociadas a los medios de impresión actuales. Pero lo cierto es que prácticamente ninguna aguantaría más allá de unas cuantas décadas. Lo cual es toda una mejora respecto a la mayoría de medios informáticos, pero sigue siendo claramente insuficiente.


¿Era más hábil el cromagnon que nosotros en cuanto a conservación de la información?

Sin embargo, el otro día quedé gratamente sorprendido al ver que se están realizando investigaciones para desarrollar tecnologías de almacenamiento de datos capaces de preservar la información durante más de -atentos- un billón de años. Un billón de los pequeños, doy por hecho, de los americanos, pero no nos vamos a poner a discutir por eso, ¿verdad?

La tencnología consiste basicamente en asignar un 0 ó un 1 en función de la posición de una nanopartícula de hierro encerrada dentro de nanotubo de carbono. Teóricamente, se podría llegar a almacenar un terabyte de información por pulgada al cuadrado (superando ampliamente las tarjetas de memoria actuales) y una capacidad temporal de almacenamiento sin precedentes.

Respecto al disco duro de Rosetta comentado en el post anterior, hay que reconocerle algunas serias desventajas. Y es que esa información podría ser inaccesible tanto por falta de equipamiento (se requerirían ordenadores con algún grado de compatibilidad con los actuales) como por el tipo de codificación utilizada. Para los discos duros de roseta, basta con conocer el alfabeto y unas bases mínimas de óptica. Condicionantes, sin duda, mucho menos restrictivos para los seres humanos.

En cualquier caso, una buena noticia. Sobre todo, por el hecho de ofrecer una alternativa a la hegemónica actitud de nuestro tiempo, la del "más rápido/más barato".


Luis Tarrafeta
S21sec labs

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