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No todo es verdad.

“La mujer de Fulanito de tal ha engañado a su marido con un joven desconocido muy atractivo”. Este titular sin demasiado contenido hace que mucha gente se pare frente al televisor a esperar ver las imágenes de “tan escandaloso” acontecimiento. A los diez minutos se empieza a hablar de ello en las redes sociales. Un poco más tarde la noticia ya está en alguna web de una revista del corazón. Al cabo de tres cuartos de hora, y después de escuchar 10 veces promesas de que en ‘breves instantes’ se verán las imágenes en exclusiva, llega el momento… Entrada de un conocido y céntrico restaurante, quince personas entrando al mismo y, entre ellas, la mujer de Fulanito y el joven desconocido. ¿Quién será? ¿Desde cuando se ven? Así durante dos semanas en la tele, en la web, en las revistas… y entonces, zas! el joven desconocido es sobrino de la esposa de Fulano y en aquella ‘sospechosa cena’ celebraban el cumpleaños de la mamá del chaval.

El poder de los rumores es innegable y por todos conocido: desde los niños que inocentemente juegan al teléfono estropeado hasta las pseudo-periodistas que fomentan el morbo creando falsas noticias a los ‘sociólogos’, que las analizan con la excusa de estudiar nuestro cotilla y gremial comportamiento. Inventan noticias por el placer de observar cómo las creemos, las divulgamos y transformamos a nuestro antojo.

Actualmente Internet (web y redes sociales) soporta igualmente todo lo que se quiera escribir, sean verdades, medias verdades o mentiras. Pero, por mucho que esto sea una comprobada realidad, la letra impresa en cualquier soporte da credibilidad a las ideas. Así de ingenuos somos la mayoría. De manera que todo, o casi todo, lo que vemos y leemos por Internet lo damos por cierto.
Un claro ejemplo de este extendido modo de actuar es la noticia por la que un conocido equipo de fútbol inglés fichó a un jugador serbio de gran proyección. Esta información fue colgada en primer lugar en un blog, después se mandó la información por e-mail a un periódico local y de allá salto a Yahoo e incluso a Eurosport. Hasta se podía consultar su trayectoria en la Wikipedia. Al final, el equipo en cuestión debió desmentir la información: no solo no existía tal fichaje sino ni tan siquiera el jugador. Todo era pura invención de un electricista sociólogo de 23 años, aficionado al deporte Rey y con un curioso sentido del humor. La noticia pasa de ser el ‘fichaje estrella’ del Middlesbrough al ‘fichaje fantasma’ en elmundo.es.

Visto lo fácil que resulta extender un rumor por la red y hacerlo oficial, hay empresas que empiezan a vigilar la veracidad de la información que publican sobre ellas y webs que se aseguran de sus contenidos, comprobando que se ajustan a la verdad, como es el caso de la Wikipedia.

Ante estas situaciones es preciso tomar dos medidas:
- En primer lugar, los periodistas deben ser cautos antes de dar por ciertas las informaciones. Cualquier persona puede colgar contenidos en Internet, y es tan probable que estos datos sean falsos como verdaderos. Ahí entra la labor de investigación, que debe saber discernir la verdad objetiva de las mentiras y las opiniones que, cada día en mayor medida, copan la red.
- En segundo lugar, es preciso que todos nosotros dejemos de ser ingenuos ante lo que vemos y oímos en Internet, y comencemos a dar por ciertas sólo aquellas informaciones que vengan respaldadas por datos reales y comprobados.

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Amaia Urtasun
S21sec e-crime

1 comentario:

Kenneth dijo...

Cierto. Yo escribí esto: http://meneame.net/story/multas-de-trafico-1

Y no hay más que leer los comentarios para comprobar la credulidad de la gente.


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