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Renovarse o morir en el intento

La dependencia y repercusión que tiene Internet en nuestras vidas es un fenómeno que debe ser estudiado con detenimiento ya que quien controle Internet controlará el mundo.

No hace mucho en una conferencia se resaltaba el hecho que en toda la Expo 92 nadie había hablado de Internet y han pasado ya 16 años desde el evento sevillano. ¿Alguien era capaz entonces de imaginar la revolución tecnológica que estamos viviendo? Hemos pasado de la Generación X (JASP – Jóvenes aunque sobradamente preparados) a la Generación Y, y muy pronto llegaremos a la Z, donde casi para comunicarnos con ellos necesitaremos un vocabulario y unos conocimientos tecnológicamente avanzados para poder entender sus problemas.

Esta evolución tan vertiginosa nos obliga en algún momento a tomar una decisión importante: ceder en nuestro intento de estar a la última o, por el contrario, seguir una interminable carrera de obstáculos que cada vez cuesta más superar.

Independientemente de la elección que hagamos, los riesgos que existen hoy en día ya tomaron su decisión: aprovecharse de todos los avances tecnológicos para la consecución de sus nefastos objetivos (fraude, robo de información, chantajes, espionaje, etc). De este modo se constituye un escenario donde las amenazas digitales se entremezclan con las del mundo real, estrechando paulatinamente la delgada línea que los separa.

En el momento en que nos encontramos, tan absurdo es decir que la seguridad en Internet es óptima como lo contrario, esto es, que Internet es una mezcla de Mad Max con los cuatro jinetes del Apocalipsis. Si bien es cierto que no somos conscientes de las amenazas reales presentes en Internet, también es verdad que cada vez existen más iniciativas para convertir Internet en un lugar seguro. Pero no nos engañemos; cuando se diseñó lo que es ahora Internet, nunca nadie vaticinaría el caldo de cultivo de delitos que ocurren diariamente, es más, lo extraño es que hoy en día nadie se sorprenda. ¿Quién no ha recibido varias veces anuncios de farmacias ilegales, premios de lotería, intentos de phishing o anuncios de cómo ganar mucho dinero trabajando desde casa (y convirtiéndonos en un mulero)? ¿Cuántas veces hemos tenido que desinfectar nuestros ordenadores de código malicioso o reinstalar el sistema operativo puesto que ya no nos fiábamos de él? ¿Estamos seguros que nuestro ordenador no forma parte de una botnet y está siendo usado para enviar esos correos de farmacias ilegales o participando en un ataque a gran escala de Denegación de Servicio? Si habéis respondido a alguna pregunta con un sí, ¿alguna vez os ha pasado algo parecido por la calle?

Desgraciadamente, hoy en día, no tenemos control de Internet, ya que ni siquiera tenemos control de nuestros ordenadores. Internet se está convirtiendo en un arma política y de guerra, y quien controle Internet, controlará el mundo. En estos primeros años de vida de la Red ya se aprecian signos de cambio; desde la creación de cuerpos especializados en ataques por Internet (ciberguerra) por parte de algunos países, hasta ataques ya públicos por motivos enteramente políticos (Estonia, Georgia, Rusia, …) pasando por la inmersión total de bandas de crimen organizado de diferentes puntos del globo.

El grado de avance es tal, que nos encontramos en un punto sin retorno, y que seguramente dictará los acontecimientos venideros. No sólo las grandes empresas privadas han visto las orejas al lobo y se están preparando para prevenir y neutralizar cualquier ataque del exterior, sino que la mayoría de los países están haciendo lo mismo; este hecho es francamente relevante porque requiere un esfuerzo muy grande debido a la naturaleza dinámica de estas amenazas; la empresa privada lo comprendió hace tiempo, pero las organizaciones públicas han tardado más en reaccionar.

Esta frenética actividad que se está produciendo en la mayoría de los países viene dictada por la fragilidad de las infraestructuras de Internet. Hace pocos meses eran noticias alarmantes la aparición de fallos de seguridad en dos de los protocolos más importantes de Internet: la resolución de nombres (DNS) y el tráfico en Internet (BGP), ambos protocolos son imprescindibles para el funcionamiento de Internet, y también ambos fueron diseñados en la década de los 80 y principios de los 90, antes de la Expo 92, cuando nadie aún hablaba de Internet. Aún cuando las vulnerabilidades no son tan graves como parecen, pueden ser fatales si no las entendemos y no contamos con ayuda y experiencia, interna o externa, que nos permita establecer todo tipo de contramedidas para mitigar, o mejor, neutralizar el riesgo al que estamos expuestos.

La sensación que nos queda con este tipo de vulnerabilidades es que nos han dado gato por liebre. Confiábamos y confiamos a ciegas en ciertas infraestructuras que pese a que cuentan con pocos años de funcionamiento, las consideramos ‘de toda la vida’ (la web, el correo electrónico, las comunicaciones…) y poco a poco nos damos cuenta de que estamos construyendo gigantes con pies de barro. Internet y todo lo que le rodea aún es muy joven y necesita un fuerte rediseño para que realmente sea un lugar seguro. Por supuesto siempre es complicado juntar las palabras seguridad y privacidad, pero todos tendremos que hacer un pequeño esfuerzo para que esas dos palabras combinen.

En definitiva, al igual que en 1992 nadie se imaginaba lo que ha significado la revolución, en todos los sentidos, de nuestra forma de vivir, trabajar y lo que es más importante, relacionarnos, ahora tampoco somos capaces de imaginar lo que pasará dentro de otros 16 años; de lo que sí que tenemos que ser conscientes es que hay que renovarse o morir en el intento. Seamos conscientes de las amenazas reales para que entre todos, podamos construir un lugar seguro.


David Barroso
S21sec e-crime

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